Yaracuy

Un destino por descubrir

Terremoto de 1812

Terremoto de 1812

El 26 de Marzo de 1812, hace ya 200 años, ocurrió un terrible fenómeno natural, se trató de un terremoto de tal magnitud, que destruyó tanto la ciudad de Caracas como otros importantes lugares del interior del país; de los que solo quedaron sus ruinas. Fue tan brutal su intensidad, que luego se veía caminar cual fantasmas a los sobrevivientes que buscaban entre el polvo y los escombros, a sus parientes, o salvar a los que yacían bajo los muros, o algunas de sus pertenencias.

Eran estas, localidades prosperas, con construcciones de época, en su mayoría hechas con adobes de barro y horcones de madera, con sus plazas y templos, los cuales se encontraban repletos de gente, porque era Jueves Santo, y el pueblo creyente, asistía a los oficios religiosos. Fueron muchos los muertos, uno de ellos, el médico José Rafael Villarreal, yaracuyano que el 19 de Abril de 1810, ubicado estratégicamente en la plaza, cuando Emparan preguntara:

José Rafael Villarreal

¿Caraqueños, estáis conformes con mi gobierno? ; lanzó al aire aquel oportuno y potente grito: ¡No! ¡No lo queremos!, el cual de inmediato fue coreado por el pueblo enardecido, provocando así la airada respuesta de Emparan: ¡Pues, entonces, yo tampoco quiero mando!; él permanecía en Caracas, ejerciendo su profesión y fue victima del terremoto que azotó el país, aquel 26 de Marzo de 1812.

Hecho, lo supieron aprovechar los religiosos peninsulares, para amedrentar a la población, que presos de pánico ante la desgracia ocurrida, y vulnerables como estaban ante la desolación, les hicieron creer que era este un “castigo divino”, por haber adoptado desde el pasado 5 de Julio de 1811, (celebre fecha en la que se firmó el Acta de la Independencia), la posición separatista del gobierno español. Lo que provocó la reacción de muchos, en especial la de Simón Bolívar, que se encontraba recorriendo el lugar, espantado por lo que veía, consciente del efecto que provocaban en el pueblo, las absurdas insinuaciones, de que las revoluciones políticas, originaron el terremoto del 26 de Marzo último; entonces, subió sobre trozos de paredes destruidas, piedras y cascajos, y pronunció con tono desafiante aquella célebre frase:

Terremoto de 1812

“Si la naturaleza se opone a nuestra Independencia, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”

Como bien dijimos, fueron varias las ciudades afectadas, una de ellas San Felipe, aquella, que como en sus escritos describiría Domingo Aponte Barrios, su Cronista, “San Felipe una ciudad edificada para pervivir”; porque desde su origen, cuando el poblado de “El Cerrito” se formó a una cuadra de San Gerónimo de Cocorote, concentrados alrededor de la iglesia consagrada, a la advocación de la Virgen de la Presentación el 21 de Noviembre de 1693, y, desde entonces, fue sometido a los más crueles ataques, dirigidos por las autoridades de Barquisimeto que desaprobaban su existencia. Registra la historia que fue demolido, quemado y arrasado en tres ocasiones, mas los determinación de sus pobladores lo reconstruyó una y otra vez; pero una vez mas, las autoridades del Cabildo de Barquisimeto fueron contra él, con tal ensañamiento, que los “Cerritenses” decidieron entonces radicarse en Valle Hondo.

Fueron edificando sus viviendas y constituyendo la ciudad, y acudieron a Fray Marcelino de San Vicente, misionero que colaboraba con los indígenas de los pueblos de misiones; para que los ayudara ante la Corona Española, a fin de que se le reconocieran sus derechos de establecerse, liberándose así del control de Barquisimeto.

En consecuencia, luego de las diligencias, el Rey de España Felipe V, dictó la Real Cédula del 6 de Noviembre de 1729, mediante la cual se erigía en ciudad al poblado de El Cerrito; que desde el 1º de Mayo de 1731, cuando el cabildo se instaló por primera vez, se le dio por nombre, San Felipe, como homenaje al Santo Patrono, y le agregaron, además, el calificativo de “ El Fuerte”, por la perseverancia y heroica lucha que desde la época de “El Cerrito” gestaron sus fundadores.

Desde entonces, San Felipe, logró desarrollarse como una ciudad próspera, con sus templos, hermosas viviendas, la Casa del Ayuntamiento, la Factoría de la Compañía Guipuzcoana, y además, contaba una agricultura y comercio de importancia; factores que permitieron que sus moradores vivir con quietud, disfrutando de las bondades de la ciudad que les daba cobijo.

Ruinas San Felipe el Fuerte

Pero, nuevamente el destino les jugó una mala pasada a los sanfelipeños, cuando el terrible terremoto de aquel Jueves Santo, con los templos repletos, justo a las cuatro y siete minutos, los feligreses percibieron un pavoroso ruido, y de inmediato, el movimiento de gran magnitud que desbastó completamente la ciudad. Luego de que la tierra temblara, lo poco que había quedado en pié, fue arrasado por la crecida del rio, ocasionando mayor destrucción y muerte; entre llantos y lamentos, despavoridos los sobrevivientes, testigos de aquel horror, se refugiaron bajo los árboles, y fueron victima de un ataque perpetrado por una poblada que venía de lugares aledaños, saquearon, violaron a las mujeres y les despojaron de lo poco que les quedaba.

Entonces, algunos de los sobrevivientes emigraron a Valencia y Barquisimeto, mas los que decidieron quedarse, venciendo las adversidades, con la tenacidad que les era característica, improvisaron sus viviendas; consolidaron barrios, dando origen a la que es hoy nuestra ciudad capital, San Felipe.

De ese apocalíptico día en el que la naturaleza fustigó el territorio venezolano, en especial a San Felipe, nos quedaron como testimonio, los restos de la ciudad, gracias al sanfelipeño Don Luis María Jiménez, propietario del lote de terreno que las alberga, que las descubrió en su trabajo diario de labriego, cuando apreció restos de unas ruinas; comprendiendo entonces la importancia del hallazgo, las preservó y convirtiéndose en su guardián desde entonces.

Con el apoyo del Dr. Genaro Zumeta, continuaron los trabajos de excavación hasta confirmar, que eran los viejos muros y calles empedradas de la ciudad destruida por el terremoto del 26 de Marzo de 1812. Luego de la gestión de varios yaracuyanos y en especial del Centro de Historia, en 1971 se iniciaron las excavaciones arqueológicas de manos de un grupo de expertos; y el 7 de Marzo de 1974, el Dr. Rafael Caldera, mediante Decreto Presidencial Nº 1683, lo declaró Parque de Recreación a Campo Abierto, siendo el primero dentro de su género y dimensión y único en el país, como Parque Histórico en su condición de reliquia histórica, el Parque San Felipe “El Fuerte”.

AC
Centro de Historia del Estado Yaracuy.

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