Cayó un guardián de identidad de la vieja ciudad



Cayó un guardián de identidad de la vieja ciudad

Cayó un guardián de identidad de la vieja ciudad hace horas, en breves segundos como aquel fatal terremoto de Jueves Santo en 1812, cayó un símbolo sagrado de la vieja ciudad de San Felipe “El Fuerte”. Un samán centenario que había sobrevivido a la entrada del histórico parque San Felipe “El Fuerte” ubicado en el estado Yaracuy, Venezuela la furia de la naturaleza lo tumbó y así desaparece quien fuera fiel guardián de identidad de lo poco y mucho que queda de la ciudad colonial.

Se fue el cuerpo pero no la raíz ni al alma profunda. siempre estará pendida en el corazón de un pueblo con su viva presencia.

A San Felipe “El Fuerte” no le troncho definitivamente la vida aquella sacudida sísmica en la hora de la homilía en salmos a Cristo en la iglesia Nuestra Señora de la Presentación porque la ciudad con todo aquel tumulto de huesos entre zanjas y escombros cargó con su dolor y llanto para perpetuarse como la ciudad que nunca murió.

Cayó un guardián de identidad de la vieja ciudad

Se cayó uno de sus ídolos que la propia naturaleza puso en pie para cuidar lo que quedó en aquel escenario de historias y así pudo tomar camino espléndido, alegre, festiva, con su lucha en voluntad de un pueblo yéndose hacia la victoria en guía de su sol que nunca lo abandona tomando la ruta de su nuevo destino dándonos su ejemplo por encima de los designios divinos de las alturas.

Ese árbol dejo una siembra en aquel huerto de amor, de historia. La siembra que emerge en un bosque maravilloso que lleva la vida de la ciudad porque se sostiene con abono de ese amor que nunca se acaba.

Hay quienes dicen que la muerte es un camino con retorno, sólo un tránsito para seguir viviendo.. Nuestro vals “Morir es Nacer” lo asoma en notas poéticas para la reflexión. Cayó un árbol barbudo y enorme de la vida que fue testigo mudo del frondoso bosque cuidando los retazos de San Felipe “El Fuerte”. Cayó un guardián de identidad de la vieja ciudad por los vientos enfurecidos que lo desplomaron pero ni aquella saña inmisericorde de la hecatombe que la sacudió no pudo hundirlo todo ni esconder su vida bajo aquellos muros porque la ciudad junto a ese bosque que floreció con el tiempo pudo imponer su carácter, la entidad de su ser, su vida …su fe con coraje y honor para sobrepasar el agujero del sismo.

Y la historia continúa, la lección continúa, el ejemplo de aquel pueblo sigue y sigue. Seguirá germinando el bosque regándolo con gotas de cariño y cada árbol en su lenguaje continuará contando la epopeya de San Felipe “El Fuerte”, de los grande que es su pueblo que siempre anda adelante sobreponiéndose a obstáculos porque ese mismo pueblo sostiene su tarea perenne para ayudarla a caminar y será siempre la ciudad aguerrida, luchadora, bella, noble y hospitalaria que podemos colocar orgullosos ante los ojos del mundo.

Centro de Historia del Estado Yaracuy – ICEY
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