Ciudad: Historia de Amor



Ciudad: Historia de Amor

Ciudad: Historia de Amor. Aquella mañana de domingo Día del Árbol, pude captar esta imagen de la vieja ciudad Son ojos de la historia. en medio de aquel bosque misterioso donde aun hay sonidos vivos que salen de las entrañas mismas de un pueblo donde quizás hay cosas remotas y desconocidas. Nos fuimos a ella porque tenemos razón moral para amarla y seguirle siendo fiel. A cada paso se siente su epopeya sin dejar de sentir sus miserias que la agobiaron, las miserias de siempre que no la han podido marchitar ni la despojaron de su alma.
Por esas calles en corrientes de piedras andan libremente sus pensamientos, anda su conciencia y cada centímetro es algo sagrado, cada ladrillo es un monumento. Allí nos encontramos nuevamente con Mercedita Salom hablándoles a los niños, a la gente que Bosque Urbano y el Centro de Historia convocó par la fiesta interminable del árbol donde gente de todas las edades pudo escuchar esas historias de San Felipe “El Fuerte” mientras mirábamos las barbas del bosque en manto cubriendo retazos de muros que aun guardan sentimientos simpáticos de lo que fue aquella urbe colonial. Y esa ciudad también nos miraba despojada de odios porque nunca los conoció. De sus ojos …de su corazón no salia otra cosa sino amor, por eso nos recibía. Y los presentes pudieron darse cuenta que San Felipe “El Fuerte” tuvo y tiene clase de grandeza, su historia lo demuestra.

Y es lo que ofrece nuestra ciudad de San Felipe de siempre, muchos han venido y se han quedado por algo que los llama. Y ella siempre tiene mucho que entregarles. Y quienes venimos de su embrión estamos agradecidos por su generosidad, por lo tanto que nos ha dado. Se vive la realidad geográfica y humana de ella, se aspira su aliento que su flora nos ofrece de donde salen los vientos que braman para oxigenarnos la vida. Como lo hace ese bosque histórico que la vigila…la cuida. Y en esa confluencia de la historia de Valle Hondo esta ese bosque cubriendo los restos de lo que fue una llama de esperanza. Muros que están suspendidos en polvo sobre piedras de todos los tamaños arrastradas por el desbordamiento del río Yurubí haciéndonos estar presentes en su corazón para nunca dejarla.

Ciudad: Historia de Amor

En esos rasgos del pasado seguramente es lo que justifica nuestra presencia de hoy. Y amo a mi ciudad como tantos porque su pueblo es luchador, se levanto después del insólito traqueteo de la tierra que la quiso borrar en la hora nona de los santos oficios durante la oración por Cristo aquel Jueves Santo 26 de marzo de 1812.
Y allí bajo la sombra de ese bosque esta el barro hecho muro que nos hablan de sus proezas, nos dicen que hoy mas que nunca San Felipe tiene reciedumbre en la gallardía de su gente. Y esos restos no son desperdicios del destino ni fue la de una arquitectura pretenciosa donde funcionaban minorías herméticas. Siempre fue pujante, aguerrida, abierta en todas sus esquinas. El fenómeno telúrico que la atacó durante la conmemoración del sacrificio del padre eterno, no se llevo todo. Quedo la fuerza de un pueblo como renacido de su nazareno. Quedo su naturaleza en símbolo de vida con toda su belleza en cuadros mágicos que aún conmueven nuestros sentimientos y permanecen frente a nosotros despertando sus días. Y quedo su bosque y quedo su historia y la otra y las que comenzaron a escribirse desde allí. Todo eso le pertenece a la humanidad.

Y con todo lo que ha podido soportar San Felipe, la ciudad acurrucada entre montañas y la inmensidad del valle, sigue bella.Pero mas bella es para quienes se han atrevido a reconstruirla a su modo: Tiene las virtudes que nos faltan.Nos corresponde continuar, ampliar y profundizar las luchas para colocarla donde merece. Hay hombros arrimados parar abrir alamedas en su valle que sigue siendo verde entre matices inimaginables con un río peleando buscando su oxigeno para abrazarse al mar.

Seguirá la lucha recogida en su suelo materno afirmativa en sus pasos para despojarse de infamias. Seguirá andante por encima de cualquier situación miserable buscando su futuro hacia la gran fiesta triunfal de sus conquistas que nunca serán lejanas. Porque en su gente hay conciencia que parece un motor dinamizado por consolidar sus derechos. Y lo hace tratando de ganar espacios, reconstruyendo cosas de significación para su vidas. Recuerdo al maestro Santiago Pol entonces profesor de la UNEY cuando dijo”…la luz yaracuyana será acaso la causa de tanto ojo agudo, o que tantos verdes juntos nos subyacen de tal forma que los lienzos son inundados de luz y verdes enceguecedores”.

Y cuando escuche en medio de los restos de la iglesia Nuestra Señora de la Presentación de San Felipe “El Fuerte” a los niños de la escuela “Trinidad Figueira” cantando el Himno al Árbol, de autores yaracuyanos, realmente me estremeció, el orgullo me ahogaba. Fue una oda en voces elevada a la esperanza , comprendí que mi ciudad nunca murió aquella tarde del 26 de marzo de 1812.
Y allí recordé el poema de una canción que siempre escucho :”… no hay muerte en el mundo que consiga matar una historia de amor…”.

Centro de Historia del Estadop Yaracuy-ICEY
williansyaracuy@hotmail.com 0416-8519938.