Hospital San Agustín de San Felipe



Hospital San Agustín de San Felipe
El Hospital San Agustín de San Felipe fue el primer hospital de la ciudad inaugurado el 04 de marzo de 1927. Fue altamente positiva la llegada de la Congregación de las Hermanas Recoletas del Sagrado Corazón de Jesús a San Felipe y el funcionamiento del Hospital San Agustín, el primero de la ciudad. La crónica se hace presente para no olvidar y difunde estos valores porque aún esta la huella en el espíritu sanfelipeño el recuerdo del arribo de las reverendas el 04 de Marzo de 1927. Aquella tarde húmeda y calurosa impregnada del aroma de los cedros animado por el trinar de los pájaros y por el ruido estridente y monótono de las chicharras que ya presagiaban las lluvias.

Me dijo el Dr. Alfonso Bortone durante una conversación en su casa que el pueblo apacible echó a un lado su vida de rutina para recibir a cuatro monjitas humildes: las hermanas María Luisa, María Celina, Adolfina y San Tarcisio quienes atendían al llamado del General José Antonio Baldó Presidente del Estado Yaracuy para encargarlas de la atención del Asilo San Agustín cuya inauguración se celebraba esa tarde. Desde ese momento las hermanas de los pobres se adueñaron del corazón de todo el pueblo. Vinieron a sembrar la simiente del bien, la ternura y a ungir como un bálsamo del amor puro y desinteresado a aquellas personas aquejadas por enfermedades del cuerpo y del espíritu que allí buscaban refugio.

En esa ocasión vino a la ciudad la Beata Maria de San José. Y no se puede olvidar a la Hermana Guadalupe cuya obra caritativa se pierde de vista.
El Hospital San Agustín de San Felipe comenzó a construirse en 1925, la mano de obra era de los presos políticos y el General Baldó en funciones como Presidente del Estado Yaracuy lo inauguró el 04 de Marzo de 1927. La obra se había levantado encima del viejo cementerio “La Marced” en zona de San Felipe El Fuerte. La Hermana San Tarcisio después se hizo bionalista y junto a las demás monjas recolectaban comida en las casas de familias, también en el comercio local. Los hacendados contribuían y enviaban sacos de hortalizas y verduras a través del Ferrocarril Bolívar. Las medicinas eran regaladas para los enfermos hospitalizados. No pagaban nada. En 1930 el hospital fue remozado y equipado totalmente. Su arquitectura se cambió y fue ampliada su capacidad para 65 camas. El gobierno regional de entonces disponía de un situado que apenas llegaba a los 30 mil bolívares mensuales.

El Hospital San Agustín de San Felipe

El Dr. Luis Felipe Ortega López fue el primer director del hospital quien mas tarde ayudara a fundar el Colegio de Médicos de Estado Yaracuy. Los médicos jóvenes llegaban de Caracas con título reluciente y un equipo de jeringuillas y bisturís. Estaban al día en eso de de recetar patentados y poner el estereoscopio y avivar con mano suave el reflejo de los pacientes. El Dr Ortega López vestía fluxes de dril, no tenia automóvil, andaba casi siempre a pie y estaba residenciado en el barrio Caja de Agua. De vez en cuando se montaba en su caballo con su manta de lino sobre el hombro. Donde los demás no iban, él llegaba. Subía cerros, cruzaba pantanales y descendía a las vegas y caminaba de noche para ir a colocar sus manos en los pechos de los niños campesinos enfermos. Allí se quedaba como centinela hasta el amanecer. Luego vino el Dr Antonio María Pineda Castillo como director, experimentado cirujano, practicaba operaciones urológicas, uretrotomías internas de la cuál se conserva dicho instrumento.

Entre 1937 y 1938 ejerció la dirección del El Hospital San Agustín de San Felipe el Dr. Alfredo Posadas, médico eminente, quién adquirió la primera ambulancia importada desde Puerto Cabello comprada con aportes del pueblo. La crónica no puede olvidar la obra de estas nobles religiosas que no solo estaban al lado de los enfermos del entonces Asilo San Agustín y del Albergue de Ancianos, sino también de los hogares sanfelipeños que tocaban el pecho del enfermo y del moribundo a quienes les llevaban el mensaje de fe y resignación, lo cuál como pueblo compromete nuestra gratitud y que es la mejor ofrenda que se les puede brindar.

Hoy el Albergue de Ancianos lleva el nombre de un ilustre yaracuyano nacido en San Pablo, el Dr. Luis Lizarraga. En dicho asilo están las reverendas que con sacrificios y limitaciones continúan atendiendo a las personas que ven en aquél recinto su hogar. A la crónica también sensible porque es humana, le despierta gratitud y mantiene el reconocimiento a estas mensajeras de Dios cuyo único interés es tender sus manos generosas a quienes están en el ocaso de su vida. Una reseña sobre el El Hospital San Agustín de San Felipe aparece en mi libro “Hijos de la tierra y la vida yaracuyana” disponible en el Centro de Historia del Estado Yaracuy.

williansyaracuy@hotmail.com